Cada año, en la Cena de Gala de Cione que se celebra con motivo de la Asamblea General de la Cooperativa, la Fundación entrega el galardón a una persona comprometida con su labor.

Este año hemos querido homenajear a una mujer con un gran corazón que ha viajado a países como Senegal, Mozambique o Tanzania aportando un granito de arena a nuestra labor y nos ha ayudado a luchar “por una visión mejor en el mundo”, así introducía Ismael García, presidente de la Fundación, a la homenajeada. Al decir su nombre, Beatriz Jiménez, óptica-optometrista de Toledo, Centro Optométrico Especializado, subió al escenario emocionada pudiendo solo decir “gracias, no me lo esperaba”.

“Ella ha luchado a nuestro lado y se ha involucrado en cada pequeña y gran acción que hemos llevado a cabo de una manera humilde y con mucho cariño. Por esto y mucho más, hemos querido darle el premio a Beatriz, una chica joven y con fuerza dispuesta a todo si es por la Ruta”, cuenta Sara Calero, la gerente de la Fundación Ruta de la Luz.

Beatriz coopera con la Fundación Cione Ruta de la Luz desde el año 2015, y ha ofrecido su trabajo voluntario en misiones ópticas para mejorar la salud visual de personas en riesgo en Mozambique, Senegal o Tanzania y ha formado parte de cada proyecto. “Es muy bonito que reconozcan tu labor de esta manera”, reconoce Beatriz. Profundamente emotiva, Beatriz es la clase de persona que lleva por dentro la profesión: mucho sentimiento y generosidad, pocas palabras y ojos expresivos. De sus viajes, se queda con la convivencia, con “compartir las comidas o formar parte de su realidad por unos días, es una experiencia maravillosa, imborrable”, dice.  Aprender de personas que no tienen nada material, pero que viven la vida con la sonrisa en la boca, “te enseña a valorar lo que es realmente importante, a ser más humilde, a no quejarte tanto por cosas que, en realidad, no tienen importancia”, sigue.  En su trabajo diario en Toledo, Beatriz no olvida las caras de esas personas a las que va conociendo en los proyectos: “Siempre sonríen, y cuando ven la vida un poco mejor, con las gafas, más todavía”.

La cooperante del año ha puesto el premio en un lugar preferente de su óptica. “Para mí, esta bola del mundo de cristal simboliza el cariño hacia una labor que, aunque implica el esfuerzo de dejar tu negocio y a tus seres queridos, no me cuesta nada, porque le aporta a mi espíritu mucho más de lo que yo pueda ofrecer a la gente que ayudamos”.