Vivencias de un cooperante, Kenia

Lamu es una preciosa isla, situada en la costa keniata, muy próxima a Somalia y habitada por aproximadamente unas 10.000 personas, de mayoría musulmana. Es una isla llena de vida, donde aún no existen asfalto ni coches, lo cual hace que la vida transcurra a un ritmo que ya no existe en nuestras grandes ciudades y pueblos. El medio de transporte más rápido y eficaz continúa siendo el burro y compartir sus estrechas calles con este animal, hacen de la experiencia de transitarlas un verdadero placer a la vista de nuestros europeos sentidos. En este contexto, realiza su trabajo la ONG española Afrikable, que lucha desde su pequeño rincón por empoderar a la mujer lamunia, proporcionándoles empleo y salud; y al mismo tiempo educación y alimentación a sus hijos. El hecho de que estas mujeres lleven a casa un sueldo fijo cada mes y que en muchos casos es el único ingreso familiar, conlleva un magnífico empoderamiento de la mujer, en el contexto de una sociedad tradicionalmente machista.

Durante 1 semana, Jesica y yo hemos realizado unas 400 revisiones visuales a las trabajadoras de Afrikable y sus hijos, visitamos poblados de la tribu Orma, que es una etnia nómada que habita la isla y su población vive en un constante riesgo de exclusión social. También visitamos las instalaciones de otra ONG española llamada Anidan que trabaja con niños y niñas huérfanos y con graves problemas familiares, graduando a los casos que sus pediatras tenían registrados con problemas visuales.

Hemos compartido la semana con otros 14 cooperantes españoles, 2 coordinadoras del proyecto de Afrikable y 12 voluntarios, médicos y enfermeras en su mayoría, que han hecho que nuestra estancia allí, se convirtiera en una experiencia inolvidable. Experiencia, que en el caso de Jesica era la primera y en mi caso era una nueva, pero en la que estamos de acuerdo los dos en confirmar, que al contrario del logo Ver para Crecer que tiene la Fundación, a nosotros como personas, nos ha ayudado a CRECER, para poder VER y comprender mejor, este maravilloso mundo en el cual vivimos. Gracias Afrikable y gracias Ruta de la Luz, por brindarnos esta oportunidad. Gracias.

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Premio al Cooperante del 2016 para…

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“Es óptico de profesión, cooperante de corazón y le queremos premiar esta noche por su gran labor en los proyectos de Salud Visual en India, en sus ediciones de 2009 y 2010, Guinea Ecuatorial, Bolivia, Togo, en 2016 en Tanzania y España, además de su apoyo e iniciativa en el día a día de la Fundación. Nos referimos a Arturo Casas, enhorabuena Arturo”

De esta manera la Fundación daba el nombre del premiado como Cooperante del año 2016, un reconocimiento a la labor de personas que se han significado por su entrega a lo largo de los años en diferentes expediciones ópticas. La Fundación da cada año este galardón en la Cena de Gala de la Asambea anual de Cione que, en esta ocasión, tuvo lugar en Alicante.

Persona bien conocida, reconocida y muy querida en el sector óptico, Arturo recibió el aplauso unánime de los ópticos mientras subía a recoger su premio, una gran bola del mundo, azul, como la Ruta. Emocionado, recordó su dilatada trayectoria como socio de la Fundación y como voluntario. “Hace doce años que soy socio de la Fundación y era más joven y tenía más pelo, pero no tenía ni la mitad de ilusión que, gracias entre otras cosas a la Fundación Cione Ruta de la Luz, hoy tengo por la profesión de optometrista. La Ruta de la Luz me ha enseñado que, en realidad, nos dedicamos a ayudar a las personas. Quizá en España no sea tan necesario, pero cuando sales fuera, comprendes lo que pueden significar unas gafas. La Ruta de la Luz me ha hecho mejor optometrista, y también mejor persona”.

Para la Fundación es un orgullo contar con personas como él, que en palabras del presidente Ismael García Payá, “siempre está cuando se le necesita”.

Lo más bonito de Ver para Crecer…

Levántate pronto -más de lo habitual-, coge la maleta, ve a la estación o el aeropuerto, llega al lugar de la intervención, recibe a los ópticos que nos ayudarán en la campaña, descarga las cientos de monturas, abre la caja voluminosa que transporta todo el material y móntalo en la sala, recibe a los medios -cosa muy importante si queremos que nuestra labor llegue cada vez a más gente- y habla con ellos, escucha, conoce, habla y ayuda a los beneficiarios/as, primero por auto, luego pasa con cada óptico/a y finalmente a nosotras, donde asesoramos, nos convertimos en “vendedoras” de sueños a realizar. Tras 100 personas recoge todo el material y vuelve a casa a descansar.

Parece costoso, ¿verdad? Pues para nosotras son los mejores días, volvemos derrotadas, los pies no nos responden pero volvemos con una sonrisa tras recibir las de cientos de personas sin recursos a las que conseguimos ayudar ofreciéndoles revisiones visuales y gafas graduadas de manera gratuita. Ver sus caras no tiene precio, muchos con vergüenza de verse con gafas por primera vez, otros agradecidos enormemente porque las suyas estaban rotas, rayadas, viejas y su graduación estaba ya obsoleta…pero todas y cada una de las personas que hemos atendido en estos dos años de vida de nuestro precioso proyecto Ver para Crecer, nos ha hecho crecer a nivel personal y profesional. No es la ayuda que ofrecemos sino lo que recibimos, sus ganas a pesar de las condiciones, su alegría a pesar de vivir en la calle, de ver mermados sus derechos…nos transmiten esa valentía y fortaleza así que, ¿quién sale ganando en estas intervenciones?

Es invertible, con esto que os contamos, que, durante el camino de vuelta, analices la suerte que tienes por tener un trabajo que te permite ayudar a personas con problemas graves e incidir en sus vidas, a poquitos -porque aún somos pequeños-, siendo cada vez más grandes…porque como dijo Eduardo Galeano: “gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”.

VER PARA CRECER

Sara y Carmen

Desde Massaca…

Olá!

Os traigo noticias frescas desde Massaca, la óptica va viento en popa y cada día llegan más pacientes. La gente es muy agradecida con la atención de salud visual y con la cantidad de gafas para elegir.

Bulande, el chico que se encargaba de taller y de tener la óptica a punto, se despide por estudios, y en su lugar van a comenzar Celeste y Herminia. Se dio dos semanas de formación de taller de óptica con clases teóricas y prácticas, con examen incluido. Fue divertido pero agotador, y ahora estamos recolocando las gafas de sol que van teniendo éxito entre los aldeanos.

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En la óptica llegan pacientes de todas las edades y profesiones, y gracias al screening visual hecho en las escuelas ya se ve a algún minino más con gafitas.

Os mando un abrazo enorme!!

Aldeas Infantiles SOS (Barcelona)

 

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Cuando a una persona le gusta su trabajo, se nota. Es el caso de Antonia Ramón, que trabaja como coordinadora pedagógica de los centros abiertos de  para Aldeas Infantiles SOS en Barcelona.

Cuando la entrevistamos para elaborar la información sobre la última acción que Ver para Crecer emprendió en Barcelona hace unos días, precisamente en Aldeas Infantiles SOS, le costó ponerse delante de la cámara y de los micrófonos.

Pero lo hizo. Consideró que también esto podía ayudar a la causa, y se superó. Enseguida, pasados los primeros temblores de voz  empezó a salir su vocación en el discurso, que se hizo firme y seguro.

Allí nos contó cuál es el propósito de Aldeas Infantiles, “Asisten niños y niñas de 6 a 18 años, el planteamiento de los centros abiertos es trabajar con los pequeños, pero también con las familias, porque de lo contrario no hay cambio, con un proyecto educativo individualizado al que hacemos un seguimiento individualizado”, explicaba.

En pocas palabras Antonia estaba resumiendo la esencia de Aldeas Infantiles. “En Aldeas acogemos a los niños con un beso, con un abrazo, se sienten en familia, tienen apoyo afectivo, se sienten valorados y queridos”, proseguía. La institución piensa en sus estudios y en su futuro, “al tiempo que buscamos, con todas nuestras fuerzas, darles una infancia feliz”.  Con esta pretensión, Aldeas colabora con las instituciones, desde los ayuntamientos y entidades territoriales hasta otras organizaciones que pueden contribuir a la consecución de los objetivos de la entidad, como ‘Ver para Crecer’.

Para Aldeas Infantiles, este tipo de acciones tiene un efecto directo sobre la atención a la salud de muchos niños que, de otro modo, seguramente tendrían problemas de visión que progresarían sin ser detectados y, además, “facilita el acceso al tratamiento con gafas, algo que por su situación económica resultaría casi imposible sin algún tipo de ayuda social”, terminaba la coordinadora.

Cuando concluyó la entrevista, ya no le temblaba la voz. No se olvidó de decir nada. Habló con tanto cariño y amor de su trabajo, que a todos los que la escuchamos, nos hizo quererlo y compartirlo. La premiamos con un largo aplauso que no estaba en el guión.

Javier Bravo.

Mensajeros de la paz (Madrid)


Después de seis meses formando parte de la familia de la Fundación CIONE Ruta de la Luz, pude participar en el primer proyecto que realizábamos en España.

Llevábamos desde que empecé las prácticas de mi máster en Cooperación Internacional en Enero, trabajando en este proyecto, que desde el principio nos supuso grandes retos. En la Fundación se venía trabajando fuera del país atendiendo a las personas más necesitadas en países como Cabo Verde, Bolivia, Ruanda,… pero ahora, atendiendo a la situación en la que nos encontrábamos, Katy había decidido atender a la población más necesitada de aquí.

Después de meses de reuniones con organizaciones, con nuestros colaboradores, de trabajos en la oficina, de pensar la mejor forma de hacerlo, el proyecto ya había empezado. Nos encontrábamos junto con tres ópticas voluntarias en el comedor social de Mensajeros de la paz, moviendo mesas, colocando monturas, refractómetro, caramelos, optotipos, nunca pensé que yo sabría lo que es cada uno de esos aparatos que necesitamos para realizar las revisiones, pero ahí estábamos, mucha gente pero todos haciendo algo.

Nos recibió el fundador de la Institución, el Padre Ángel, para acto seguido junto con los trabajadores del comedor empezar las revisiones. Los niños entraban de dos en dos, y cada óptica les atendía en diferentes secciones, mientras yo miraba y cuando veía que alguno iba a necesitar gafas me acercaba con la receta en la mano, para pedirles su nombre, edad y que monturas les gustaban. En algunas ocasiones se iban al baño a mirarse con un par de ellas y decidían, casi siempre las más discretas. Sorprendían los casos de niñ@s que decían haber llevado gafas pero que se les habían quedado pequeñas y no habían tenido otras.

Siempre sentimos que las personas que menos tienen son las que más necesitan, y quizás en el sentido más material es así. Pero yo en ese comedor social, no vi a ninguna persona necesitada, vi a niños bromeando unos con otros sobre si necesitarían o no gafas, vi a madres riéndose sin parar en la puerta, vi sonrisas y caras de felicidad, donde la mayor preocupación era que alguno no entendía por qué no se les daban aún las gafas.

Atendimos a niños y niñas que acuden a un comedor social cada día a las 19 de la tarde a cenar porque por el motivo que sea no disponen en sus casas de los recursos necesarios, pero aprendimos varias cosas: que no hay que mirar muy lejos para ver a alguien que necesita ayuda, que existen organizaciones que hacen una gran labor y que nos queda mucho por aprender, siempre hay un motivo para sonreír.

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Nadia :)